Esto no es real, esto no puede estar pasando.
Me siento tan impotente, tan frustrado que mi amasijo de carne empieza a desplomarse ante el sentimiento de oprobio que una vez más no puede competir por defender la inocencia y simpatía de una vida que nunca volveré a ver.
¿De qué me sirve seguir entonces? Ya no soy nada. Sólo puedo utilizar mi propio odio para escribir unas palabras que seguramente terminaré odiando una vez más.
Cada vez que intento luchar contra la maldad de una mente perturbada me quedo mirando ajeno como si de un espectáculo teatral fuera.
Gritos y violencia acechan a las personas que más quiero. Que más he permitido cumplir sus deseos, y que sin embargo, no he podido proteger.
¿Soy inocente? Yo no he gritado, no he golpeado ni he empleado violencia verbal, sin embargo, no lo he podido impedir, entonces, soy tan culpable.
Podéis odiarme, podéis echarme las culpas, podéis reventar mis entrañas y matar lo poco que tengo, jamás me dolerá tanto como el sentimiento que estoy albergando en estos momentos.
No es el objetivo de decirme que podría haber echo más lo que me duele de verdad, si no la acción de reconocer que todo el mundo puede actuar con más valentía que la miserable vergüenza a la que me someteré el resto de mis días.
No te he podido salvar de la humillación, tu rostro de terror jamás lo podré quitar de mi mente, tus piernas temblorosas me retumban en los pulmones, el pecho me va a estallar.
Nunca podré hacer público mis emociones más pesimistas, mis pensamientos más derrotados, y el día que todo el mundo se entere, será tan desagradable que solamente podré golpear el rostro de la mente perturbada una y otra vez hasta que el cráneo te explote y los ojos oculares sirvan de postre para unas voraces ratas de cloaca mugrientas.
Y sin embargo… a pesar que la venganza se cumpla… tus ojos, tu mirada, tu angustia, nunca desaparecerán de mi derrotero más bajo.
No aguanto más. Sé que intentas ahorrar tus lágrimas para una ocasión especial que bien lo merezca, y no este cruce de intimidación.
El llanto que no permites mostrar, recorre mi sangre, devorando lo poco de esperanza que albergaba la nada.
Desgarro mis vestidos esperando que es eso solucione… Maldita sea… Lo peor es que sólo puedo ver el espejo de la maldad que algún día se apoderará de mi presencia… No sientas lástima por que haya decidido recluirme en el lugar más inaccesible de la tierra, tan sólo intento proteger a la humanidad del monstruo que algún día puede despertar de mi interior.
Y así pasaré los días, recluido en mis pensamientos, en mis escritos, en mis palabras, deseando que todo esto termine pronto, que todo esto nunca hubiera pasado, que todo esto no fuera real.
Me despojaré de mis órganos internos, de mi sangre, de mi piel, de mi pelo, de mis dientes, de mi lengua…
Tan sólo dejaré mi ojo derecho y mi mano izquierda, para que cuando alguien lea mis palabras, me odie. No quiero que me recuerden por mi bondad, quiero que me odien por mi parsimonia.
Quiero que golpeen mi tumba por mi ineficacia a afrontar el terror.
No merezco vuestra condescendencia.
No merezco ni siquiera que me lean.